Tras el salvamento del banco americano Bear
Stearns por la Reserva Federal y el JP Morgan Chase, a mediados de marzo, los
inversores esperaban el final de la crisis financiera.
Entre el mínimo marcado el 14 de marzo y el 23
de abril, el S&P 500 ha ganado un 6,4 % (un 4,5% para un español por el
debilitamiento del dólar frente al euro), mientras que el DJ Stoxx 50
recuperaba un 5,5%, signo de que la Fed se había hecho con las riendas y estaba
dispuesta a evitar que la crisis financiera se convirtiera en una crisis
económica de gran amplitud. La intervención voluntarista de la Fed hacía
presagiar una recuperación progresiva de las bolsas. Pero a tenor de los
acontecimientos de las útimas semanas, tenemos nuestras dudas.
En primer lugar, la situación de los bancos
sigue siendo complicada. Como demuestran los resultados de grandes entidades
como BNP Paribas, Ambac, UBS, Merril…, el negocio sigue sufriendo las
consecuencias del entorno financiero. Las depreciaciones de activos del sector
financiero engordan el pesimismo, los tipos interbancarios y por tanto los
costes de financiación de los bancos se sitúan en niveles elevados, el Euribor
roza ya el 5% y dispara las cuotas de las hipotecas. El Fondo Monetario
Internacional (FMI), que hace un par de semanas cuantificó las pérdidas
potenciales de las entidades bancarias por la crisis de las hipotecas de alto
riesgo en unos 600.000 millones de euros, de los cuales se han materializado en
el primer trimestre una cuarta parte, se muestra pesimista en cuanto a la
evolución del crecimiento económico mundial. Aunque sus previsiones para 2008
están en línea con nuestras expectativas, las de 2009 son inferiores a las
nuestras. La ralentización del consumo en los principales países occidentales y
la necesidad de los bancos de sanear sus balances suponen un freno para el
crecimiento.
Seguimos siendo escépticos en cuanto a un
rebote de los índices bursátiles. En cuanto al recorte de previsiones de muchas
empresas, no supone realmente ninguna sorpresa. Más bien hay que ver en ello un
excesivo optimismo de las compañías en cuanto a la marcha de sus negocios. La
publicación de nuevos resultados permitirá hacernos una idea más clara de la
evolución en los próximos meses.