Rating, bajan las notas
Aunque ha pasado más o menos desapercibido, un
pequeño temblor ha sacudido la semana pasada a nuestro sistema financiero con
la rebaja de calificación crediticia realizada por Moody’s a algunas entidades españolas.
Algo que no tendría mayor trascendencia sino fuera porque el recorte ha sido
sustancial y pone en evidencia los serios problemas que, a juicio de Moody’s,
presenta la solvencia de unas cuantas entidades (vea artículo sobre la Rebaja
de calificaciones de solvencia).
Nosotros nos fiamos muy poco de estas agencias
de calificación, pero es indudable que las entidades peor calificadas tendrán a
partir de ahora mayores problemas para encontrar financiación. En los casos más
graves, alguna entidad podría acabar fusionándose con otra más solvente, y en
los menos graves, podría recurrir a la captación de fondos para fortalecer su
balance bien mediante ampliaciones de capital o a través de las muy peligrosas
y poco recomendables participaciones preferentes.
Mientras que las agencias de calificación
crediticia y las empresas auditoras sigan viviendo de las entidades a las que
supervisan, su papel será más una rémora que una ventaja para el sistema
financiero y por ende para el inversor. Y es que nadie muerde la mano que le da
de comer: a cambio de unos jugosos honorarios, estas compañías transmiten una
imagen de supuesta tranquilidad. Pero tras los sonoros patinazos del pasado su
prestigio está en entredicho, al menos a nuestros ojos.
Actualmente sólo nos fiamos de los hechos como
la cobertura del Fondo de Garantía de Inversiones, del que por cierto no nos
cansaremos de pedir su ampliación para incluir bajo su protección a todos los
productos de inversión emitidos por una entidad controlada (p.ej. fondos de
inversión, planes de pensiones, seguros de ahorro).
Una mayor transparencia del sector
financiero con una contabilidad menos permisiva sería deseable. Igualmente
necesaria nos parece la aplicación de ciertos cambios en la normativa actual de
auditoras y agencias de calificación, aunque por desgracia difícilmente pasarán
de meros juegos florales.