Tras al duro golpe que asestó el estallido de la burbuja
tecnológica al sector, aquellos años dorados en los que día tras día las
cotizaciones de estos valores se veían portadas en volandas son hoy en día un
vago recuerdo. ¿Significa esto que el sector tecnológico no tiene ya nada que
ofrecer al inversor? Nosotros creemos que tampoco es para tanto, aunque se
impone una gran dosis de prudencia. Acciones como Intel o Texas Instruments
pueden resultar atractivas aunque sólo para los más osados.
¿Recuerda esos días de gloria?
¿Quién no cayó en la tentación de comprar alguna acción
« punto.com » o de algún operador de “telecos” hace cinco o seis años,
cuando todos los vientos soplaban a favor del sector tecnológico? Unos
días de vino y rosas que con la llegada del año 2000 acabaron convirtiéndose en
una pesadilla. Las consecuencias del estallido de la burbuja tecnológica son de
sobra conocidas: sobrecapacidad, ralentización de la demanda, presión sobre los
precios, beneficios a la baja… Nefastas secuelas que, para colmo, acabaron
agravándose ante los sucesivos escándalos contables, los atentados del 11-S y el
fracaso de ciertas novedades tecnológicas (como la telefonía móvil de tercera
generación o UMTS).
De vuelta a la realidad
Pese a seguir adoleciendo el sector de cierta sobrecapacidad
productiva, la dura crisis parece formar ya parte del pasado. Pero esto no
significa que haya que echar las campanas al vuelo. De hecho, de cara al futuro,
la evolución que pueda seguir el sector dependerá:
– por un lado de la coyuntura económica pues de ésta
dependerá a su vez que las empresas se decidan a invertir o no en alta
tecnología, y
– por otro lado, de las innovaciones tecnológicas que
lleven a cabo las empresas del sector pues son estos avances los que empujan a
los consumidores a comprar pagando precios elevados y a las empresas a renovar
sus materiales.
El potencial persiste pero…
Como hemos dicho, no hay que echar las campanas al vuelo aunque
tampoco conviene hacer gala de un excesivo pesimismo ya que el sector está muy
lejos de estar en las últimas. No debemos perder de vista que la inversión en
tecnología permite a las empresas aumentar su productividad (p.ej. mediante la
subcontratación de las tareas informáticas) y reaccionar más rápidamente a la
demanda de sus clientes (p.ej. a través del comercio electrónico). Además, nada
nos hace pensar que el enorme interés que suscitan los avances tecnológicos
entre los particulares como el acceso rápido a Internet mediante ADSL, la
telefonía móvil con aplicaciones multimedia, la música digital mediante soporte
MP3… vaya a desaparecer de la noche a la mañana. En todo caso, el principal reto
al que se enfrentan actualmente las compañías del sector es conseguir
rentabilizar todas estas innovaciones teniendo en cuenta que siguen contando con
una excesiva capacidad de producción, que la competencia en el sector es feroz y
que la presión sobre los precios y sus márgenes es tremenda. Así p.ej. aunque
este año se prevé que las ventas de ordenadores personales (PC) aumenten un 10%
respecto a 2003, tal incremento no redundará más que mínimamente en
mayores beneficios, ya que los precios de venta se recortan progresivamente. Más
delicada aún es la situación por la que atraviesa el mercado de la electrónica
de gran consumo. Un mercado en el que no sólo los países asiáticos luchan por
hacerse con un trozo del pastel, sino que también lo hacen otras empresas
especializadas hasta ahora en la informática como Apple, Microsoft, Dell,
HP...
… hace falta innovar
Mientras que Internet y la telefonía móvil fueron las
innovaciones que marcaron esa etapa dorada vivida antaño por el sector, creemos
que los ganadores de hoy y del futuro serán aquellas compañías presentes en el
mercado de los semiconductores como Intel o Texas Instruments. Su importante
tamaño, su buen saber hacer tecnológico y los impresionantes presupuestos que
dedican a la Investigación y Desarrollo (I+D) son tres grandes bazas que juegan
a su favor para poder despuntar en un mercado tan competitivo.
Conclusión y consejo
Por ahora no vislumbramos ninguna innovación tecnológica lo
suficientemente relevante como para inducir a corto plazo un nuevo periodo de
fuerte crecimiento para el sector. Todo lo contrario: el fuerte aumento de los
stocks de semiconductores en el primer semestre de este año nos hace más bien
pensar que el sector tecnológico en su conjunto debería enfriarse en 2005. A más
largo plazo, no vemos razones que nos hagan pensar que el sector en su conjunto
vaya a hacerlo mejor que la economía en general. En efecto, a nivel mundial la
competencia en el sector debería seguir intensificándose, poniendo con ello bajo
presión a los precios, los márgenes y la rentabilidad de las empresas de un
sector que, por otro lado, nos parece que está caro en su conjunto. No obstante,
dentro de éste sí que podemos encontrar algunas acciones que, consideradas de
forma individual, sí se encuentran baratas. Tal es el caso de las americanas
Intel y Texas Instruments (la primera
cotiza en el Nasdaq, código ISIN: US5481401001 y la segunda en la Bolsa de Nueva
York, código ISIN: US8873171057) a cuyas buenas perspectivas se suma el
aliciente de la infravaloración actual que presenta el dólar USD. Por lo tanto,
si a usted no le asusta el riesgo inherente que presentan los valores
tecnológicos, puede apostar por estas dos acciones.
SECTOR TECNOLÓGICO (l. gruesa, base 100) Y BOLSAS MUNDIALES

Desde el estallido de la burbuja tecnológica, el sector en su
conjunto difícilmente logra batir a las bolsas mundiales.