Perfil: el sector textil ante el reto de su liberalización (31/01/2005)
PERFIL
EL SECTOR TEXTIL ANTE EL RETO DE SU LIBERALIZACIÓN
Con la supresión el pasado 1 de enero de las barreras al
comercio textil, dio comienzo una nueva era, plagada de grandes desafíos.
Precios más bajos que, sin duda, serán recibidos con alegría por los
consumidores. No obstante, tal liberalización no supondrá grandes cambios para
las grandes compañías distribuidoras del sector.
Apertura de fronteras
Incluso en los países desarrollados, la industria textil, que
se nutre de una abundante y por lo general poco cualificada mano de obra, sigue
siendo una actividad que da empleo a millones de trabajadores. De ahí que los
países occidentales hayan querido siempre defender con uñas y dientes sus
industrias nacionales, sobre todo de la competencia de países como China, India
o Vietnam en donde los costes de producción son más bajos (los trabajadores del
sector ganan menos de 1euro/hora). Para ello, en 1974 se estableció un sistema
de cuotas para las exportaciones textiles de los países en vías de desarrollo
hacia los industrializados. Cuotas que eran más limitadas para los países más
competitivos y más elevadas para los menos competitivos. Este sistema modificó
profundamente la producción mundial: los países exportadores se multiplicaron y
se deslocalizó la producción. En efecto, con el fin de no sobrepasar las cuotas,
aquellos países más competitivos optaron por centrarse en el tejido de prendas,
actividad de alto valor añadido, derivando su confección hacia los países con
mano de obra más barata. Así p.ej. una prenda puede haber sido confeccionada en
Bangladesh (dos millones de personas trabajan en el sector) con telas de India o
China.
China: el gran rival
La facilidad con la que estos países más pobres pueden acceder
a las nuevas tecnologías que requiere el sector del vestido (la inversión a
realizar es débil) hace que también resulte fácil cambiar la producción de un
país a otro. En este contexto, la liberalización de la industria textil supone
toda una revolución para el comercio mundial (para el sector del vestido se
espera que los intercambios comerciales a nivel mundial aumenten entre un 70 y
un 190%). Y de tal explosión será China el país que mayor provecho sacará y sus
productos acabarán inundando tanto el mercado europeo como el estadounidense
(acapararán el 29% del europeo –frente al 18% actual- y la mitad de las ventas
del estadounidense -frente al 16% actual-). Por el contrario, otros países en
vías de desarrollo, en concreto aquellos en los que los costes de producción son
más caros, o con estructuras productivas deficientes, serán los más perjudicados
(como Bangladesh). Y es que hoy en día no basta con contar con mano de obra
barata para poder sobrevivir en este nuevo contexto. El cumplimento de los
plazos para satisfacer rápidamente la demanda es otro requisito esencial como
también lo es contar con infraestructuras portuarias eficaces, medios de
transporte fiables y trámites aduaneros rápidos.
Importantes desafíos para los países occidentales
Si en los países desarrollados, el sector textil y del vestido
(de gama baja) anda ya de capa caída, su total liberalización no va a allanar el
camino. No obstante, en la Unión Europea, en donde el sector representa ya sólo
el 4% de la producción manufacturera, el impacto de tal apertura en la economía
será bastante limitado. Eso sí, habida cuenta de que la industria textil europea
da empleo a 2,7 millones de personas, el frenazo de la actividad en el sector
provocará inevitables conflictos sociales, sobre todo en aquellas regiones en
las que la industrial textil tiene fuerte arraigo (en España, es el caso de la
comunidad valenciana que concentra el 19% de la producción nacional). Pero no
todo el panorama que se avecina es tan negro. En este nuevo contexto, en el que
los consumidores de a pie saldrán sin duda ganando (desde que los productos
chinos han invadido el mercado, los precios han caído y seguirán haciéndolo),
seguirán teniendo hueco aquellas empresas que centren su actividad en los
productos de gama alta y que sepan fabricar en tiempo récord pequeñas
colecciones acordes con los gustos de los consumidores, tal y como hace p.ej. la
española Inditex con sus tiendas "Zara" en las que la mitad de la producción se
va fabricando día a día con los modelos que mejor se venden. Asimismo, la
previsible caída de los precios en la producción, tampoco tiene por qué sentar
mal a las empresas de distribución textil como Adolfo Domínguez (subcontrata
completamente la producción) o a Cortefiel (que encarga fuera de sus talleres el
85% de lo que vende) aunque, eso si, la presión sobre los precios será más
fuerte.
Conclusión y consejo
La supresión del sistema de cuotas, desde hace tiempo ya
anunciada, supone toda una revolución para la industria textil y del vestir. Una
apertura de la que no sólo China sacará buena tajada gracias a la alta
competitividad de sus productos, sino que también lo harán los consumidores
occidentales pues se beneficiarán de unos precios más baratos. En cambio, y a
pesar de la caída de precios del textil de gran consumo, las compañías
distribuidoras con marca bien implantada no deberían verse demasiado afectadas,
de hecho la mayor competencia de productos "sin marca" podrá ser compensada con
unos menores costes dado que la gran parte de ellas tienen subcontratada su
producción en China. Así, para las empresas del sector de nuestra selección, por
ahora no vemos razones para cambiar nuestros consejos. Puede conservar la
italiana Benetton. En cuanto a
Adolfo Dominguez,
Adidas, Cortefiel e Inditex seguimos recomendando
no comprar ninguna de ellas.
PESO DE LOS PRODUCTOS CHINOS EN LAS EXPORTACIONES TEXTILES
MUNDIALES

Ante la liberalización total del comercio textil, las prendas de
vestir chinas, el 23% de las exportaciones en 2003, acabarán invadiendo las
tiendas de todo el globo.


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ADR
ADR significa American Depositary Receipt: se trata de certificados emitidos por un banco (generalmente americano) y representan un cierto número de acciones (1 ADR = X acciones de tal compañía). Son utilizados generalmente por sociedades extranjeras en EE UU para cotizar.
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Mercado gris
En el lanzamiento de una obligación, el periodo de suscripción es a menudo bastante corto, pero si el título tiene éxito, puede ocurrir que la suscripción se cierre anticipadamente. En ese momento, no hay todavía cotización oficial y la obligación se ofrece a un precio que depende ya de la oferta y la demanda, en función de los contactos entre intermediarios. Esta situación, poco clara, se denomina "mercado gris".
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